¿De dónde proviene la culpa?

Por Al Serrato

Como fiscal durante muchas décadas,  a menudo me encontraba reflexionando sobre el impacto que tiene el sentimiento de culpa, incluso en delincuentes con un largo historial. ¿Por qué los culpables quieren hablar de sus crímenes, aún cuando se les han explicado sus derechos? ¿Por qué aquellos que se han “escapado” aún así buscan evadir sus sentimientos a través del alcohol o las drogas? A diferencia de los verdaderos sociópatas, me parece que la gente no puede deshacerse simplemente de los sentimientos de culpa usando la fuerza de voluntad. Esos sentimientos continúan y exigen ser escuchados. La voz de la conciencia — esa voz que tantos de nosotros nos esforzamos por acallar —simplemente se niega a cooperar.

Poniéndolo en términos simples, los sentimientos de culpa surgen cuando la persona siente que hay una incoherencia entre lo que ha hecho, o está planeando hacer, y lo que percibe que “debería” hacer. ¿Por qué es esto así? ¿Por qué nos sentimos conflictuados por el comportamiento que elegimos conscientemente? Por ejemplo, cuando tengo hambre, mi instinto es comer para satisfacer ese hambre. Pero cuando como demasiado, y lo hago frecuentemente, me doy cuenta que me estoy convirtiendo en un glotón. Y aunque mi impulso quedó satisfecho, me doy cuenta de que no debería comportarme de esa manera. Casi de la misma manera, puedo elegir comportarme de una forma que perjudique a otra persona con tal de favorecer mis intereses. Pero después, me empiezo a sentir intranquilo y arrepentimiento por mi comportamiento.

Me pregunto, ¿Qué cosmovisión explica mejor esta experiencia humana casi universal?

Para el incrédulo, tales sentimientos son el producto de muchos años de evolución social. En un principio, me pareció que esta explicación tenía sentido. Después de todo, ¿por qué la persona con un enfoque “prosocial” no aumentaría el potencial de supervivencia de su grupo?  ¿Y los sentimientos de culpa por la mala conducta no impulsarían el comportamiento prosocial? Pero entre más meditaba sobre esto, más me daba cuenta que carecía de verdad y explicación razonable.

Si en verdad evolucionamos de los primitivos protohumanos, ¿Cómo es que a estos primeros humanos pensantes les surgió el sentimiento de culpa? Después de todo, nunca nadie disfruta el sentirse culpable, y tales sentimientos limitan — no expanden — nuestras opciones de comportamiento. Harían que una persona se lo pensara dos veces antes de hacer algo que podría ser en su interés individual. Por ejemplo, robarle algo al vecino, o asesinar al oponente para obtener sus pertenencias, beneficiaría a la persona suponiendo que tuviera éxito en estas acciones. A diferencia de dar comida o refugio a un extraño, esto le pondría en desventaja si los recursos son escasos. Tiene más sentido que el grupo elija siempre la acción que traiga más beneficios que el comportamiento limitante de la culpa. Imagina que un león está cazando su presa pero de repente siente “culpa” y deja de perseguir su objetivo. ¿Cuánto tiempo sobreviviría? Probablemente no viviría lo suficiente como para pasar sus genes a la siguiente generación.

Es difícil de imaginar cómo el pensamiento prosocial surgió en el ambiente adverso y competitivo de los primeros humanos. Si solamente somos la evolución de los primates pero ahora con inteligencia, ¿Por qué dejaríamos de perseguir nuestro propio interés individual a corto plazo? Atacar por sorpresa y robar tiene más sentido que intentar hacer las paces con alguien que anhela quitarte tus pertenencias. ¿Por qué limitar nuestro abanico de opciones y decidir qué “debemos” hacer algo que ayude a otros y que tal vez nos traiga un beneficio a largo plazo? Y si decidimos hacerlo, ¿No sería esto el resultado de una decisión inteligente? En este caso los sentimientos de culpa no tendrían ninguna relevancia. De hecho, la carga de la culpa iría en detrimento de la capacidad de supervivencia y, por tanto, se desarraigaría con el tiempo. Además, si el pensamiento prosocial es una actividad basada en el intelecto, ¿Qué papel juegan los sentimientos? ¿No sería mejor actuar de una u otra manera dependiendo de las circunstancias, sin experimentar ningún tipo de sentimientos por nuestras decisiones? ¿Qué ventaja otorga este enfoque?

No, el pensamiento altruista o prosocial tiene sentido para una persona que ya tiene en mente la idea de que construir una comunidad más fuerte, o el ayudar a otros, es en sí mismo algo bueno para hacer. Una persona con este propósito rechazaría asesinar a su rival y buscaría un beneficio mayor en el futuro lejano. Sabe que es su “deber” hacerlo aún cuando el hambre y la codicia le inviten a tomar una decisión diferente.

¿Cómo es que poseemos esta capacidad? Los incrédulos no pueden contestar esta pregunta, pero los cristianos sí pueden. La capacidad de sentir culpa no evolucionó. Fue colocada en nuestras mentes de la misma manera en que también podemos aprender un idioma y entender el concepto de “competencia leal”, fue puesta ahí por un Creador inteligente y poseedor de una ley moral que quiere que la obedezcamos. Y cuando nos desviamos de esa ley, surgen los sentimientos de incongruencia, remordimiento y la “subrutina” de la mente que nos lleva hacia el “bien.” La moral, y los sentimientos de culpa, son un mensaje del exterior para nosotros, y no un rasgo que evolucionó desde nuestro interior.

Es cierto que no todos experimentamos la culpa de la misma manera. Diferentes culturas, y diferentes grupos dentro de la misma cultura, pueden sentir culpa por diferentes cosas. Pero hay muchas características comunes que son evidentes. Nadie siente culpa después de hacer algo bueno, ni sufre angustia después de obedecer su conciencia. Nadie experimenta la dicha después de traicionar a un amigo. Y, por supuesto, las conciencias pueden ser cauterizadas por una deficiente crianza que deforma el entendimiento del “bien” y del “mal”. Naturalmente nuestras mentes anteponen nuestro “deber” aunque lo que aprendimos esté distorsionado.

Los incrédulos ven la culpa como algo que necesita repararse. Buscan la solución en la ciencia moderna — ya sea en la psicología o en la farmacología o en ambas — para que la gente por fin elimine todo rastro de un pasado remoto que consideran primitivo y supersticioso. Pero sus esfuerzos son en vano. Los sentimientos de culpa emergen de la ley moral que está “escrita en nuestros corazones,” es el sendero cercado diseñado para guiarnos al camino correcto, y sin importar cuánto nos esforcemos, no podemos evadir su influencia.

Recursos recomendados en Español:

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek 


Al Serrato se licenció en Derecho por la Universidad de California en Berkeley en 1985. Comenzó su carrera como agente especial del FBI antes de convertirse en fiscal en California, donde trabajó durante 33 años. Una introducción a las obras de CS Lewis despertó su interés por la Apologética, que ha seguido durante las últimas tres décadas. Comenzó a escribir Apologética con J. Warner Wallace y Pleaseconvinceme.com.

Traducido por Gustavo Camarillo

Editado por Wendy Rodas

Fuente Original del Blog: https://bit.ly/3UVunu1 

 

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