Puede parecer una locura, pero puedo decir sinceramente que doy gracias a Dios por mis dudas.
No es que siempre aprecie tener dudas. A veces, las dudas pueden ser una carga. Pero, aun así, me doy cuenta de algo más profundo respecto a la razón que Dios tiene para mis dudas. Déjame explicarte.
Soy una persona que duda constantemente. Dudo de casi todo, incluyendo las compras, las creencias y mis decisiones diarias. Simplemente es mi forma de ser (y probablemente también el resultado de tener un padre que constantemente me desafiaba a pensar). Para ser sincero, a veces las dudas pueden parecer abrumadoras.
¿Por qué dar gracias a Dios por las dudas?
La respuesta es sencilla: son las dudas las que me impulsan a buscar la verdad. Así es, las dudas me impulsan a leer, estudiar, pensar, cuestionar y tratar constantemente de descubrir lo que es verdad. Me molesta no saber algo, y trato incansablemente de descubrir la verdad al respecto.
Sin mis dudas, dudo (sí, es un juego de palabras) que hubiera escrito un libro académico de más de 300 páginas sobre el destino de los apóstoles o ayudado a mi padre a actualizar su clásico libro Evidence that Demands A Verdict, que tiene más de 700 páginas. Sin duda, me motiva crear recursos que ayuden genuinamente a las personas, pero gran parte de mi impulso proviene de mis propias dudas y escepticismo. Quiero estar seguro de lo que creo.
Una lamentación personal
Hace unos años, me lamentaba de que Dios no me diera más fe. Tengo un amigo pastor que claramente tiene el don de la fe. Siempre es optimista con respecto a su familia, su fe y su iglesia. No importa lo sombrío que se ponga el panorama, él siempre dice: «No te preocupes. Dios tiene el control. Él se encarga de todo».
Sin embargo, por mucho que le crea, sigo pensando: «Pero, ¿cómo lo sabes realmente? ¿Y si Dios tiene otros planes? ¿Estás seguro?». No puedo evitarlo. Me cuestiono las cosas. Pero, ¿por qué? En última instancia, creo que hay dos razones.
El beneficio de la duda
Primero, como mencioné anteriormente, las dudas me motivan a estudiar, investigar, aprender y profundizar en mi comprensión. Si no fuera tan escéptico, probablemente nunca dedicaría tanto tiempo a intentar aprender y educar a otros creyentes. Si tienes una debilidad, ¿alguna vez has pensado que Dios puede tener un propósito más profundo para ella?
Segundo, y quizás lo más importante, mis dudas me llevan a descansar en la gracia de Dios en lugar de en mi propio entendimiento. Cuando las dudas me atormentan y no puedo resolver algo en mi mente, me acerco a Dios en busca de su misericordia. Judas 1:22 dice: «A algunos que dudan, convencedlos». Y a menudo pienso en las poderosas palabras pronunciadas por el apóstol Pablo, cuando reflexionaba sobre su propia debilidad: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Cor. 12:9).
Dios utiliza nuestras debilidades para atraernos a una relación más profunda con Él y para una mayor santificación personal. De hecho, Dios parece disfrutar utilizando nuestras debilidades y defectos, para que Él obtenga la gloria. Estas son verdades que cambian la vida y de las que rara vez dudo.
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Sean McDowell, Ph.D., es profesor de Apologética Cristiana en la Universidad Biola, autor de éxitos de ventas, conferencista popular y profesor de secundaria a tiempo parcial. Síguelo en Twitter: @sean_mcdowell, TikTok, Instagram y su blog: seanmcdowell.org.