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Subidón emocional

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Todas las publicaciones·23 de febrero de 2020

Subidón emocional

¿Te he contado aquella vez que fui a una conferencia en la que todo el mundo lloró? Y cuando digo todo el mundo, ¡me refiero a TODO el mundo!

Fue hace unos años, en la iglesia de una amiga en mi ciudad. Acepté ir con mucho entusiasmo. La conferencista era la autora de un estudio bíblico que las mujeres de la iglesia hacían juntas. Debido a todas las cosas maravillosas que había oído sobre ella, estaba emocionada por asistir al evento.

Entramos al auditorio y miramos a nuestro alrededor. Había algunos asientos disponibles en la primera fila y los ocupamos antes de que nadie más pudiera hacerlo. «Si habla como escribe, nos espera un verdadero placer», dijo una de las mujeres.

Durante todo el servicio de adoración, estaba impaciente por que trajeran a la conferencista. ¿De qué hablaría? ¿Del propósito de Dios para nuestras vidas? ¿De cómo ser una mujer de Proverbios 31? ¿De cómo estar seguras en Cristo?

La expectativa nos estaba matando a todas.

Cuando la oradora subió al escenario y comenzó a hablar, habló de su familia, de sus hijos y de todas las cosas maravillosas que estaban sucediendo en su vida en ese momento. Miré a las otras mujeres que estaban en la sala. Todas estaban al borde de sus asientos. Me di cuenta de que estaban pendientes de cada una de sus palabras.

Y mientras esperaba con atención para escuchar lo que esta oradora tenía que decir, no fueron sus palabras las que me abrieron los ojos. Fue la reacción de las otras mujeres.

Respuesta emocional

Después de unos veinte minutos de mensaje, empecé a retorcerme en mi asiento. Me preguntaba cuál era el mensaje. No se abrió la Biblia. No se hizo referencia a ningún versículo bíblico ni se habló de lo que Dios espera de una mujer piadosa.

Mientras escuchaba, sentí una sensación de decepción. Habló de su familia y de sus dificultades. Habló del dolor del pasado y de los errores cometidos. Pero no entendía cómo todo eso se relacionaba con lo que Dios estaba tratando de decirnos.

Empecé a preguntarme qué habrían pensado las demás mujeres del auditorio. ¿Estaban decepcionadas porque no sacamos nuestros blocs de notas y escribimos los versículos inexistentes que ella había incluido en el mensaje? ¿Estaban confundidas con lo que ella intentaba decir? ¿Se estaban rascando la cabeza como yo?

Justo cuando estaba a punto de mirar a mi alrededor y preguntarle a mi amiga si lo que escribía coincidía con lo que decía, oí un sollozo. Luego oí otro, y otro más. Miré detrás de mí y vi que las mujeres estaban llorando. Miré a mi izquierda y vi que se secaban los ojos con pañuelos. Cuando miré a mi amiga, me dijo: «¿No es genial?», mientras se limpiaba el rímel que le corría por las mejillas.

Respondí débilmente, de la mejor manera que supe para no ofender: «Oh, sí. Claro». Luego me fui más confundida que cuando llegué.

¿Entienden estas mujeres la diferencia entre un evento cargado de emoción y un movimiento espiritual?

He asistido a muchos, muchos eventos para mujeres. Crecí en la iglesia. Sé reconocer un discurso motivador cuando lo oigo. El problema es que mucha gente no sabe hacerlo. Nos aferramos a las palabras de las personas que nos emocionan y nos vamos pensando que, de alguna manera, nos han llevado a tomar una decisión que cambiará nuestra vida. Eso no es cierto.

Hablando en serio

No es ningún secreto que las mujeres somos mejores que los hombres a la hora de expresar nuestras emociones. Verbalizamos lo que sentimos con mucha más facilidad y nos permitimos sentir con mayor libertad. Pero también existe el peligro de confundir una emoción intensa con una experiencia que nos cambia la vida.

El hecho de que hayas llorado no significa que haya sido Dios.

Los eventos cargados de emoción están diseñados para que los demás piensen que su vida ha cambiado de alguna manera. A eso se le llama charlas motivadoras o discursos motivacionales. Nos animan por un momento, pero una vez que los sentimientos se desvanecen, perdemos la motivación.

Cuando Dios habla, puede conmovernos hasta las lágrimas. De hecho, hay muchas ocasiones en las que Dios conmueve mis emociones. Pero ese es el orden en el que debe ser. Dios conmueve y nosotros respondemos; no al revés.

La verdad sobre las emociones

Lo que debemos recordar sobre nuestras emociones es que pueden ser engañosas. Las emociones nos las da Dios y su función es recordarnos que hemos sido creados a su imagen y semejanza. Dios no oculta el hecho de que Él también tiene emociones. Muestra ira cuando habla de su furor (Deuteronomio 9:8). Muestra alegría cuando baila sobre nosotros con cánticos (Sofonías 3:17). Y se entristece cuando su pueblo no sigue sus caminos (Génesis 6:6).

Pero las emociones no deben controlarnos. Tenemos que controlarlas nosotros. Muchas veces es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Las emociones son fuertes, pero pasan. Por eso pueden ser engañosas.

La verdadera pregunta es: ¿cómo controlamos nuestras emociones en lugar de que ellas nos controlen a nosotros? Gálatas 5:16 dice: «Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne».

El primer paso para asegurarnos de que no nos dejamos llevar por nuestras emociones es dejarnos guiar por el Espíritu de Dios. Aunque Dios nos da permiso para sentir, no nos da permiso para pecar. El Espíritu de Dios nos ayuda a dar los frutos del Espíritu, que son amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Los frutos son lo que debemos mostrar en todo momento (aunque sé que es difícil), incluso en momentos de emoción.

¿Cómo saber si te estás dejando llevar por las emociones?

Voy a compartir tres formas principales de saber si te estás dejando llevar por tus emociones. Si quieres saber más sobre este tema, escucha el episodio 12 de Her Faith Inspires: How not to be led by your emotions (Su fe inspira: Cómo no dejarse llevar por las emociones).

1. ¿Tus decisiones se basan en cómo te sientes o en la guía de Dios? A veces es difícil saber la diferencia. Alinea siempre tus decisiones y respuestas con la palabra de Dios. Recientemente he tenido una situación con una amiga que me ha hecho daño. He sentido ira, tristeza, frustración y TODO tipo de emociones. Pero no importa cómo me sienta. ¿Estoy reaccionando y tratando a esta persona como Dios dice que debo hacerlo en Su palabra?

2. ¿Te dejas influir y persuadir fácilmente cuando intervienen las emociones? ¿Alguna vez has visto un anuncio triste sobre animales y de repente te has encontrado llamando para donar dinero? ¿O has estado en un evento en el que alguien ha hecho una presentación sobre los huérfanos de otro país y has prometido dinero que no tenías? Aunque no son cosas malas, han influido en tus emociones.

Mi lema es no tomar nunca una decisión con lágrimas en los ojos. Si es posible, espero a que las emociones se calmen para poder tomar una decisión sensata.

3) ¿Dedicas tiempo a la palabra y oras por tus emociones? Sé sincero/a con Dios y dile cómo te sientes. Él ya lo sabe de todos modos. Y cuando lo hacemos, Él nos ayuda a poner todo en perspectiva.

Reto

Mi reto para ti hoy es que respondas a las preguntas anteriores y seas realmente honesto/a contigo mismo/a acerca de tus emociones. Te animo a que se lo lleves al Señor y te asegures de decirle cómo te sientes y pedirle ayuda para controlar tus emociones, de modo que ellas no te controlen a ti.

Para obtener más recursos, haz clic aquí. También puedes obtener una copia gratuita de la lección 5 de mi nuevo estudio bíblico #Boymom.

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