¿Cuánto castigo es suficiente?

Por Al Serrato

Muchas personas rechazan la posibilidad de un infierno eterno porque sienten que “el castigo no se ajusta al delito”. Algunos ateos se centran en esta percepción de desigualdad entre los pecados cometidos en la tierra y el castigo eterno que enfrentaríamos en la vida venidera. Un escéptico enmarca el reto de esta manera:

“Dios es perfectamente justo y sin embargo sentencia a los imperfectos humanos que ha creado a un sufrimiento eterno en el infierno por pecados finitos. Ciertamente, ofensas finitas no justifican un castigo eterno. La condena de Dios a los imperfectos humanos a una eternidad en el infierno por una mera vida mortal de pecado es infinitamente más injusto  que este castigo. La absurda injusticia de este castigo eterno es mucho más grande cuando consideramos que la fuente principal de la imperfección humana es el Dios que lo creó”[i]

El impugnador sostiene que un delito “limitado” no justifica un castigo ilimitado (eterno). Tal castigo, concluye, constituirá una injusticia mayor que una “mera vida mortal de pecado”. Para muchas personas, quizás incluyendo una mayoría de los creyentes, este argumento es aceptado sin críticas. Pero tras una revisión detallada, es evidente que la conclusión a la que llega el impugnador se basa en una mala interpretación de lo que implica un castigo “justo”.

¿Contra quién es el delito?

El primer paso en el análisis debe considerar la naturaleza del “soberano” contra quien el delito es cometido. Si se comete un delito en California, las autoridades estatales de Colorado no pueden imponer un castigo. Sus leyes no han sido infringidas. Para ser justos, las leyes del soberano deben darse a conocer. Aunque la ignorancia de la ley no es una excusa, un sistema justo, da a conocer sus leyes para que tengan el efecto deseado: moldear la conducta fomentando lo bueno y desalentando lo malo. Las autoridades estatales, son por naturaleza, limitadas y defectuosas, y las leyes que promulgan reflejan que no pueden, y por tanto no esperan la perfección.

Pero, ¿quién es el legislador que nos sentencia a un castigo eterno? Es, por supuesto, un ser eterno, y lo que es más importante, un ser eterno que encarna y comprende la perfección. Que se separe de una creación en rebelión no es injusto. Y si la separación de Dios es el “infierno” del que hablamos -la agonía de ver pero no poder  experimentar la alegría de su presencia – entonces aquellos que rechazan su don les espera una eternidad de esta experiencia. Esta no es una condena impuesta por un legislador caprichoso, sino que la consecuencia necesaria tanto de vivir eternamente como de estar eternamente separado de la fuente de la perfección.

Delitos graves

Cuando una jurisdicción promulga una legislación de “tres strikes”, el soberano da a conocer que existen delitos que cargan sobre ellos una pena de cadena perpetua – separación por el resto de la vida de la sociedad que ha sido víctima del comportamiento del delincuente. En algunas de estas jurisdicciones, el tercer strike puede ser un aparente delito menor, que por sí mismo no merecía tal condena, pero después de una serie de delitos más graves, inclina la balanza de tal manera que esta conclusión – que la separación permanente de la sociedad es merecida – se convierte en justa. Es la respuesta apropiada a un delincuente que ha demostrado que se niega a cumplir las exigencias de la ley y se ha quedado sin oportunidades.

¿Hubiera bastado con un pecado?

Reexaminando la conclusión del impugnador a la luz de estas reflexiones se revela lo que está en juego: el impugnador ha ignorado el hecho de que un simple delito, cometido contra un ser perfecto y eterno, es suficiente para justificar la separación de él. Pero por supuesto, es peor que eso, porque nosotros los humanos en rebelión hemos acumulado pecado sobre pecado, ofensa tras ofensa. Pero, se queja el impugnador, ¿No hay proporcionalidad entre las ofensas y el tipo de castigo? ¿no se le puede ocurrir a Dios un castigo más leve?

¿Por qué no un castigo más leve?

De nuevo, esto malinterpreta la naturaleza del problema. Dios no está ideando formas más crueles de infringir castigos sobre nosotros esperando hacer del infierno un lugar lo más tortuoso posible. El castigo del infierno es, simplemente, la consecuencia natural – el subproducto – de ser separado de Dios. Dios no hace más que eso, pero desafortunadamente para nosotros, esto es experimentado como un tormento sin fin.

Finalmente, Dios encarna la perfección infinita, así que en lugar de pecar contra otro ser humano, que tiene defectos y necesita perdón, estas ofensas son contra un ser que es infinitamente Santo. Considerando esto, la separación eterna de Dios comienza a tener un poco más de sentido. La buena noticia, por supuesto, es que Dios es también infinitamente misericordioso. Sabiendo que nosotros no podemos resolver este problema por nuestra cuenta, Él lo resolvió por nosotros e hizo que la salvación estuviera disponible para todos. Justicia perfecta, misericordia perfecta, perfectamente equilibrado, aportando una solución verdaderamente justa y elegante a nuestro problema.

¿Hizo Dios que las personas pecaran?

¿Qué hay de la acusación adicional del impugnador a Dios por crear seres humanos imperfectos y luego castigarlos por ser imperfectos? Esta conclusión también se basa en un razonamiento erróneo. Dios creó seres con libre elección y cada uno de nosotros eligió usar ese libre albedrío para desafiarlo. Como el creador, tiene el derecho de responder a esa rebelión separándose de nosotros. Considera cómo reaccionarías si construyes un robot para limpiar el baño y al final se rehúsa, afirmando que desea ser servido en lugar de servir. Fácilmente puedes desenchufarlo o desmontarlo, porque como su creador podrías tener esa prerrogativa. Lo mismo ocurre con Dios.

Obtenemos lo que merecemos – separación eterna de la fuente de vida, bondad y alegría – porque continuamente escogemos centrarnos en lo que queremos en lugar de someter nuestra voluntad a Él. En lugar de condenar a Dios por esto, lo más inteligente es darle gracias por  proporcionarnos también la solución.

Notas Finales

[i] Edwina Monfort, “Is God Perfect and Just” (¿Es Dios justo y perfecto?) Blogspot, 21 dic 2011

Recursos recomendados en Español:

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek 


Al Serrato se licenció en Derecho por la Universidad de California en Berkeley en 1985. Comenzó su carrera como agente especial del FBI antes de convertirse en fiscal en California, donde trabajó durante 33 años. Una introducción a las obras de CS Lewis despertó su interés por la Apologética, que ha seguido durante las últimas tres décadas. Comenzó a escribir Apologética con J. Warner Wallace y Pleaseconvinceme.com.

Traducido por Walter Almendras

Editado por Mónica Pirateque 

Fuente Original del Blog: https://bit.ly/3N6MckZ 

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